Juramento por la vida

A veces se siente el movimiento del planeta, no el suave giro sobre su programada ruta celestial en torno al sol, sino el estremecimiento convulso de un destino azaroso. A veces se percibe que la más compleja combinación biológica: el cerebro humano, contiene en igual escala, la capacidad de crear y la de destruir. A veces pareciera que el lado abrasivo de la humanidad, consigue derrotar el potencial fundador, y el planeta tiembla presintiendo el fin.
Hay quien lo explica como una lucha entre diablos y dioses o entre energías contrapuestas. Los creadores del circo manipulador lo explican con productos culturales de dominación, atiborrados de personajes imposibles: Batman, Superman o el Capitán América, quienes se enfrentan a terribles sujetos tercermundistas que quieren acabar con la humanidad. Aunque no provienen del Sur, los terribles sujetos existen, las energías enfrentadas también, y los demonios de colas puntiagudas andan por todos lados. Son el capitalismo, el Mercado, el egoísmo, la ética del despojo.
Sobran ejemplos. En América Latina el narco poder, asesina a diario, de la manera más brutal, a cientos de personas; las pandillas y las maras son como plagas en las ciudades; también lo son los políticos que se inventan una democracia a su servicio particular. Las desigualdades entre ricos y pobres son cada vez mayores; mientras que los movimientos sociales, indigenistas, o campesinos, son perseguidos y sus líderes asesinados por sicarios al servicio de los terratenientes. En las naciones donde triunfan los proyectos de izquierda y se establecen políticas en favor de los pueblos, el capital arma una guerra sucia, brutal, sistemática, mediática, de arbitraria legalidad y muchas veces termina por ahogar las experiencias revolucionarias y traer nuevamente el Mercado al poder. Los que resisten son cercados, perseguidos, satanizados.
Europa se estremece cada día por el ascenso de los movimientos de extrema derecha, hijos del fascismo que ya una vez asoló esas tierras, la socialdemocracia roída por su esencia inútil, egoísta e hipócrita es incapaz de detener la resurrección del odio. Las oleadas de emigrantes, son la respuesta de los pueblos africanos a siglos de expoliación. Los que llegan a las costas de Europa, cruzando el mediterráneo en riesgosas travesías, con tantos naufragios que un día ese mar será considerado el mar de los muertos, van a rescatar lo que los colonialistas blancos les han robado: los tesoros que muestras en sus palacios, las piedras preciosas de sus coronas reales, los minerales raros con los que fabrican artefactos electrónicos y sus bienes de consumo.
En Estados Unidos triunfa el candidato más bestial. No es esta vez el tradicional representante de turno, es un poderoso gritón alzado en su pirámide de riquezas. La campaña política estuvo llena de bajezas y los ciudadanos de esa nación debieron escoger, entre una mentirosa que apoyaba el terrorismo y tenía un discurso tradicionalmente engañoso, y un sujeto malcarado, xenófobo, misógino, con los bolsillos llenos del dinero obtenido por la más descarnada plusvalía, y ¡oh asombro! son los agotados por la explotación quienes le apoyaron. Extraña democracia donde el esclavo hastiado alza al amo, el que triunfa es quien menos votos obtiene, y la mayoría prefiere quedarse en casa antes de ir al colegio electoral a decidirse entre dos opciones, tan nauseabunda una como la otra.
Son solo tres ejemplos pero no son los únicos. Si alguien cree que exagero lo invito a investigar, es justo no confiar en una sola opinión; hay que leer, estudiar, observar, analizar. Esa maravilla que tenemos dentro de la cabeza es justamente para ello. No tengo dudas de que, a una vuelta del tiempo, me dará la razón, sobre todo si el lado egoísta, esa “poderosa fuerza dominante” es contenida por los “valores en los que se cree” es decir por la ética humanista de los revolucionarios, a lo que se suma la inteligencia y la sed de conocimiento.
Como alertó Martí “es la hora de los hornos y no se ha de ver más que luz”. Hay que salvar a la humanidad y a la naturaleza sin la cual no podremos vivir, ambos comparten iguales amenazas: el capitalismo, el Mercado. En Cuba, la transición al socialismo transcurre en la lucha por el poder político entre una mayoría independentista contra una minoría que levanta las roídas banderas del reformismo, centrismo, anexionismo, variantes todas que tienen como denominador común el retorno al capitalismo y la pérdida de la soberanía. En este momento histórico, y ante el doloroso deceso del fundador de la revolución cubana, iremos en breve a firmar una suerte de juramento de lealtad a la patria, expresado por Fidel en ese texto esencial, sintético y total, conocido como el “Concepto de Revolución”. La ética que martiana, que el Comandante hizo suya y de toda su obra, cruza transversalmente el Concepto de Revolución y lo soporta como el eje sostiene a la columna.
Fidel muestra una vía para la defender la Nación emancipada: sobrevivir con nuestros propios medios, con nuestros propios esfuerzos. En el momento de la aceptación debemos comprender lo imprescindible de enfrentar esas “poderosas fuerzas” de las que habla el Comandante, dentro de nuestro país, porque el egoísmo, la corrupción, la vagancia, la conducta miserable de los que quieren llevar a Cuba al capitalismo, y construirse como nuevos burgueses, los que buscan medrar a costa de los demás, los pillos, burócratas y burladores que florecen por nuestras carencias y sobreviven por nuestra desidia, son más peligrosos que las amenazas grotescas de los extremistas gringos y solo serán conjuradas por la combatividad y la militancia activa de hacerlo todo bien.
Esas “poderosas fuerzas dominantes” incluso sobreviven dentro de nosotros mismos. Un espantajo interior que ha de ser reducido por los valores en los que creemos, como anuncia Fidel. Pero requiere rectitud y firmeza de principios pararse frente al espejo y “no llorarse las mentiras sino cantarse las verdades” para cambiar todo lo que debe ser cambiado en nuestra conducta como ciudadanos y como revolucionarios.
Comprender que “la modestia, el desinterés, el altruismo, solidaridad, el heroísmo, la honradez” componen la estructura básica de la ética revolucionaria, sin la cual no podríamos sostener la sociedad nueva. Ello implica no tomarse el rito del juramento al concepto de Revolución a la ligera, sino entenderlo como una reflexión profunda ante los restos, aún insepultos, del padre de la Revolución cubana. Significa tomar partido militante y activo en una contienda, en las que nos va en juego la vida.
En las palabras finales de Fidel al Congreso del Partido- hoy sabemos que fueron sus palabras de despedida- el Comandante en Jefe afirmó: “Quedarán las ideas de los comunistas cubanos como prueba de que en este planeta, si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan, y debemos luchar sin tregua para obtenerlos. A los hermanos de América Latina y el mundo, debemos transmitirle que el pueblo cubano vencerá” En el momento que firmemos el juramento de cumplir el Concepto de Revolución, estaremos ante la única opción posible para la sobrevivencia de Cuba y con ella aportar a la sobrevivencia del planeta estremecido: la opción de vencer.

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