Busca viejas llorando

Hace unos años, en el 2008, cuando el huracán Paloma destrozó el litoral de Santa Cruz del Sur, acompañé a varios periodistas extranjeros al lugar de los acontecimientos. Recuerdo especialmente a una corresponsal que le pedía con insistencia a su camarógrafo “viejas llorando, necesito caras de viejas llorando” El hombre hacía cuanto podía por encontrar en aquella devastación el rostro lacrimoso de alguna anciana. Pero nadie lloraba. Para aquella corresponsal de un poderoso medio de la hegemonía global la imagen a vender era la de gente vencida y deseperada

 

EP1250738n estos días los reporteros cubanos se enfrentaron una vez más a las tensiones de un huracán. Escuché en la noche del martes y casi la madrugada del miércoles a los periodistas de Baracoa transmitir desde el centro de los vientos mientras sobre su techo caían los escombros. Hace algunos años, durante un evento similar los trabajadores de una emisora pinareña se refugiaban en el único lugar seguro de su planta y siguieron transmitiendo mientras todo lo demás colapsaba. Cuando el huracán Paloma se aproximaba a Santa Cruz del Sur, el equipo de prensa del cual formaba parte tuvo que ser casi expulsado del poblado costero porque insistíamos en esperar allí la tormenta. En la madrugada el equipo de la TV santacruceña y sus compañeros radialistas amanecían en botes reportando por las calles inundadas.

Esos son solo ejemplos de la pasión y la entrega de nuestros trabajadores de los medios de prensa, no solo de los periodistas y los gráficos. Sus historias son los de la solidaridad humana, la capacidad de resistir, de superar el espanto y la pavura. Hablan con naturalidad de la confianza que tiene la gente de que no serán abandonados. Para los medios cubanos el dolor no es espectáculo en sí mismo, cuando aparece en la noticia es la exposición lúcida del desastre ocurrido, sin dejar de contener la emoción de quien está detrás de la cámara o el teclado. Hay dramatismo y no morbo, no hay pragmatismo y si hay humanismo.  El lamento deja espacio a la solidaridad, a la voluntad de todo el país por la recuperación.
Ante los huracanes y sus desastres no perseguiran nuestros colegas de la prensa “viejas llorando” Ello saben lo que es resistir los vientos más fuertes y narrar como se cae y como se levanta todo un pueblo. Contrasta su discurso con el de los que odian a la revolución, quienes hablan de desesperanza y pesimismo. Como Santa Cruz, Santiago, Pinar del Río y cualquier otro pueblo maltratado por la violencia de la tormenta Baracoa se alzará desde el brazo de toda Cuba, sus personas volverán a reír y el terror terminará en cuentos para los nietos. Esa habilidad de fénix es narrada por nuestros periodistas quienes son parte del milagro de la resurrección de un pueblo que no sabe que es rendirse.

Periodistas Cazahuracanes

Se aproxima un ciclón y los periodistas caza huracanes ya se preparan para salir a cumplir con su trabajo. Profesionales, arriesgados, casi temerarios, los gráficos quieren la mejor imagen.; nadie le gana a la radio, ellos son imprescindibles; los de la prensa escrita narran desde la palabra y la imagen las historias dramáticas de la solidaridad; los de la TV nos mojan las pantallas y nos llevan al centro del huracán. En las redacciones no se duerme, los editores pasan horas frente a las máquinas, los realizadores y todo el personal de apoyo se muda al trabajo, no saldrán de allí hasta que no hayan vencido al mal tiempo.
Como me gustaría estar nuevamente con ellos, con el viento y la lluvia en el rostro, buscando entre todos el lugar del mejor encuadre, el testimonio más humano, la voz que dice como si se viera.
Los periodistas caza huracanes se alistan para ponerle sonido, imagen y texto a ese bruto atmosférico que vine desde el mar y bufa sal, escupe tornados y patea la tierra con ventarrones y aguaceros. Cuba sabe cómo quitarle muertos a los ciclones y en ese esfuerzo nacional por la solidaridad y la vida, los periodistas cubanos son indispensables.

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